El horror de lo kitsch

Jharrison_Charlotte(1)

Recuerdo que cuando estudié Comunicación Social, me tocó un profesor cubano en la materia de Redacción IV. El tipo era implacable, nadie le pasaba ninguna prueba, pero era evidente que el hombre dominaba impecablemente el castellano. Como era de esperarse, todo el mundo le tenía arrechera idea. A mí honestamente me daba igual, aunque debo admitir que me tuve que fajar más de lo usual en sus exámenes.

Un día, este profesor nos habló de lo kitsch y lo camp, dos conceptos con los que no estaba familiarizada. Luego descubrí que, a pesar de no tenerlos claros en mi cerebro, sí sabía a qué se referían. Basta con pensar en la casa de esa tía solterona que todos tenemos, que colecciona figurines y embute las estanterías con piecitas doradas llenas de incrustaciones de vidrio y se viste estrambóticamente. Ahí estaba lo kitsch y lo camp, camuflado entre el mal gusto y la exageración.

Paseando por internet conseguí la obra de Jessica Harrison, una británica que tomó esas clásicas figuras de cerámica -que todavía es posible conseguir en algunas salas familiares- y las convirtió en algo más cercano al gore. Los vestidos victorianos sobrevivieron a las mutilaciones y ahora lucen menos pasteles y más cruentos. La sangre le robó el protagonismo a la inocencia. El horror, que también es kitsch, se apoderó de sus pequeños cuerpos.

Para ver más del interesante trabajo de Harrison, pueden visitar su página web por aquí.

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